Mi desembarco en Internet - La historia de Marcela
Hoy quiero compartir con ustedes un artículo que escribí para el sitio web de mi empresa: DigiKol. Que lo disfruten…
Mi desembarco en Intenet - La Historia de Marcela
Por Diego Arcusin,
Esta es la historia de Marcela. Más precisamente, la historia del desembarco de su empresa en Internet. Aunque no es una historia real, se parece mucho a las historias de muchas Pymes reales.
Marcela es la propietaria de una Pyme en expansión, dedicada a brindar servicios de capacitación para el área de recursos humanos de las empresas.
Un día como cualquier otro, Marcela se encontraba buscando material en Internet para un trabajo, cuando de repente se topó con un aviso de su principal competidor. Marcela sorprendida exclamó…
¡Esta gente tiene un aviso en Internet y mi empresa ni siquiera tiene sitio web!
Marcela fue terminante. Ya era hora de “Estar en Internet”. Hacía rato que tendría que haberlo hecho, sus clientes y socios se lo venían exigiendo. Sin embargo, con la excusa de “Yo no entiendo nada de Internet” lo dilató más de la cuenta.
Marcela decidió poner manos a la obra pero no tenía idea de cómo comenzar. Sabía que existían empresas que se dedicaban al asesoramiento sobre negocios Online pero como andaba corta de presupuesto decidió consultarle a su hijo. Después de todo, él sabía de “computación y todo eso”.
Su hijo le recomendó a Esteban un amigo suyo que se dedicaba al diseño web.
Marcela se reunión con Esteban y decidió contratarlo para que se ocupe de todo. Se convenció mirando “ejemplos de trabajos anteriores” y definitivamente sus trabajos eran hermosos.
Para comenzar tuvo que invertir una importante suma de dinero (bastante más de lo que esperaba), pero este diseñador lo valía. Era un “artista”.
Luego de varios meses, llegó la fecha de entrega del trabajo. Sin embargo Esteban ni siquiera había comenzado con el sitio de Marcela. Esteban tenía mucho trabajo.
Con varios meses de demora respecto a las fechas prometidas, y con Marcela desbordando expectativa (y algo de bronca), el diseñador finalmente entregó el trabajo terminado…
El sitio era “espectacular” lleno de animaciones y “efectos”. ¡Una belleza!.
¡Misión cumplida! se dijo. El Sitio ya estaba Online.
Marcela agregó el sitio web a su papelería comercial y en sus pautas publicitarias habituales y se olvidó un poco del tema. Sin embargo, luego de un tiempo, las facturas por el mantenimiento del sitio web comenzaron a llegar y Marcela comenzó a preguntarse acerca de los resultados que estaba obteniendo con su sitio web. Recopiló algo de información, y se dio cuenta que su sitio web se encontraba funcionando desde hacía 6 meses y que no había generado ninguna oportunidad de negocios.
Marcela se inquietó un poco e intentó comunicarse con el diseñador para ver si esto era algo normal. El diseñador era difícil de localizar, solo contaba con un celular y en general siempre atendía la casilla de mensajes. Marcela le dejó un mensaje explicándole el problema.
A los dos días Marcela recibió un mail de Esteban, avisándole que había escuchado su mensaje, y diciéndole que los resultados del sitio web no tenían nada que ver con él. El había hecho lo que le habían pedido.
Algo frustrada, Marcela ingresó a su sitio web con la idea de analizarlo un poco. Apenas intentó acceder se dió cuenta que desde esa computadora el sitio web no funciona.
Preguntándose si podría haber otras personas que tuvieran el mismo problema, se dirigió a su escritorio e intentó ingresar desde su notebook…¡Ahora si!.
Marcela comenzó a ver su sitio web con un espíritu crítico por primera vez. Así fue como se dió cuenta que el sitio web no “vendía” bien sus servicios.
¿De donde sacó estos textos? se preguntaba horrorizada.
Luego de un rato, la música y los “simpáticos” efectos que el diseñador había sugerido empezaron a tornarse insoportables. A Marcela comenzó a dolerle la cabeza. Para peor, en la portada del sitio web se promocionaba un curso terminado hace ya 3 meses.¿Cómo es que nadie se había dado cuenta?
Marcela, ya bastante nerviosa, decidió comparar su sitio web con los sitios web de sus competidores. Abrió una nueva ventana en su navegador y accedió a Google. Ingresó en la caja de búsqueda “capacitación recursos humanos empresas” y notó que el primer resultado patrocinado pertenecía a su competidor directo y un par de resultados abajo…¡Nuevamente su competidor!. Por más que buscó en toda la página, su sitio web no estaba dentro de los resultados. Desesperada verificó en la segunda página de resultados, luego en la tercera y luego en la cuarta…
Desahuciada, entró al sitio del competidor y lo primero que le apareció fue una mensaje de bienvenida ofreciéndole descargar un informe gratuito, súper atractivo, con tan sólo suscribirse. Se suscribió, y un mensaje por pantalla le informó que en su casilla de correo electrónico encontraría un nuevo correo con un enlace para descargar el reporte.
Ingresó a su correo, y sin saber cómo pasó, se encontró leyendo una invitación para una entrevista sin cargo para ver si su competidor podía “ayudar a su empresa” mediante sus servicios profesionales, al pie del correo encontró también el enlace para descargar el informe.
¡Qué idea brillante! pensó…. Que lástima que Esteban no me lo sugirió.
Antes de cerrar su correo electrónico recibió otro mail de su competidor. En este mail la invitaban a reservar un lugar para las próximas jornadas de capacitación empresarial junto a un enlace para ver una muestra en video sobre las jornadas del año anterior.
Ya al borde de la histeria, intentó otra vez llamar a Esteban, el diseñador. Nuevamente atendió la casilla de mensajes. Cansada le preguntó a su hijo si tenía algún otro teléfono donde pudiera llamarlo. ¡Necesitaba hablar con él!.
Sin embargo, la respuesta de su hijo terminó por derrumbarla. Su hijo le contó que Esteban se había ido de viaje a España por 6 meses.
La decepción se apoderó de Marcela. Se había dado cuenta de su error.
Nunca necesitó un diseñador. Necesitaba asesoramiento y experiencia. Necesitaba profesionales que comprendieran su negocio y la ayudarán a aprovechar al máximo las oportunidades que Internet ofrecía para su empresa.
¿Qué paso con Marcela?
Un proyecto en Internet, es un proyecto integral. En él deben participar múltiples disciplinas y no sólo diseñadores. Especialistas en Negocios, Marketing, comunicación y sistemas son probablemente más importantes que los mismos diseñadores. El diseño es sólo un elemento más, y debe estar supeditado a los objetivos que se persiguen a través del sitio web.
Para evitar historias como la de Marcela, quien lleve adelante el proyecto debe contar con un enfoque y una visión integral. Y deberá darle tanta importancia al diseño, como al análisis del mercado, la definición de los contenidos, las estrategias para la generación de tráfico, los mecanismos para la medición de los resultados, y otros incontables factores.
Por lo general los diseñadores no suelen estar capacitados para esto.
Si la tuya es una historia parecida a la de Marcela. No te frustres. No todo está perdido. Siempre hay oportunidad para recomenzar de la manera adecuada, y muchas veces se puede reutilizar parte de la inversión original. Sólo es cuestión de hacer las cosas bien desde el comienzo.
Por Diego Arcusin,
Director de DigiKol
http://www.digikol.com.ar